Hoy fue el cumpleaños de uno de mis abuelos, el escultor. Yo nunca lo conocí; de hecho, murió el mismo año en el que nací, así que... lo único que sé, lo conozco por la tradición oral de mi madre. De todo eso hay varias cosas que he entendido.
Primero, fue uno de los pocos que entendió que el pueblo necesitaba verse a sí mismo en el arte. Para la oligarquía racista, eso era impensable. Siempre han preferido el indio muerto al indio vivo que les trabaja. Siempre les ha sido imposible entender que el pueblo tiene historia, personalidad y autonomía. Eso se reflejó en algo muy sencillo: crear esculturas que reflejaran a ese pueblo. Pero, y ese es el detalle, se basó en modelos vivos. Es decir, cada escultura no fue inventada del aire, sino que son retratos de personas que sirvieron de modelos. Por eso se sienten reales y cualquier persona del país puede verse en los muñecos, como decía el abuelo.

Foto de archivo René Merlos
Segundo, ese entendimiento tiene, creo, dos raíces. Una, de su viaje a Carrara para aprender el oficio. Esto no es menor porque en los años en que cruzó el charco (los años veinte), Italia estaba siendo asolada por el ascenso del fascismo de Mussolini, “Il Duce”, y su retórica de “Hacer el Imperio romano grande otra vez”. Por eso, en medio del futurista y monumental, Carrara fue no solo un baluarte del arte figurativo y de las canteras de mármol, sino que también fue un nicho del anarquismo en la península. ¿Sería lógico que la resistencia antifascista fuera parte de su aprendizaje en el oficio? Quizá, pero estaría elucubrando.
La otra raíz, aún más fuerte, fue el terruño. ¿Cuál? Desde niño, por ser hijo de uno de los “migrantes no ideales” (italiano y artista, pues), su familia fue mal vista por los ladinos de Quetzaltenango (recalcitrantes en su racismo y clasismo) y, a lo mejor por eso, estuvo más cerca de la gente de a pie k'iche' y sus hijos —no se olviden de los muchos niños trabajadores—. De hecho, con los años conservó muchas de sus amistades k'iche's de la infancia.

Escultura «Canto al sudor»
Entonces, cuando llegó la revolución, se derrocó a Ubico, el dictador que enviaba saludos a Mussolini, Hitler y hacía Te Deums para Franco; se oxigenó el país. Claro, el abuelo ya tenía experiencia de hacer arte inspirado en el pueblo maya, no como reliquia, sino como personas vivas. Y, si a eso le sumamos que en esos años se reconoció que los pueblos indígenas de Guatemala tenían agencia política desde la independencia (por el libro de Daniel Contreras sobre Atanasio Tzul) y la masiva participación en sindicatos de la ciudad y en la Reforma Agraria, tenemos todo un gran ejemplo de qué tipo de arte se necesitaba en Guatemala.
Claro, no lo hizo solo; tuvo a mi mamá como ayudante investigando en los legajos del Archivo General de Centroamérica y a su mejor y único aprendiz en el oficio, Luis Alberto Padilla. Más allá de las categorías de las y los doctos académicos, los muñecos del abuelo fueron pensados para el pueblo. Por eso, en este siglo, Vicenta Jerónimo, del MLP, llevó cadenas en una sesión del Congreso, imitando al Manuel Tot de Cobán, cuestionando el cacareado bicentenario de la independencia. Por eso, cuando fue la masacre de Alaska del 4 de octubre de 2012, la gente de Totonicapán y Cobán cubrió con un “velo” negro a Atanasio y Manuel, en luto por las vidas perdidas.

Atanasio Tzul en Totonicapán
Por eso Tecun Umán, por mucho que quieran eliminarlo o cuestionar su existencia, sigue siendo el referente del pueblo de Guatemala que resiste, lucha por el territorio, defiende la poca democracia que sigue existiendo y no se deja intimidar por corruptos, mafiosos, narcos, oligarcas racistas y chafas genocidas. Por eso, solo hay un abuelo que pensó en la gente y el pueblo. Por eso, cualquier escultor, o farsante que se presente como escultor, hasta la fecha no ha logrado lo que hizo. Porque, siendo ladino, escogió al maya, al indígena, al indio como héroe. Porque el arte es político o no es.

Busto de Dolores Bedoya de Molina
Pd. Todas mis abuelas y abuelos siempre les considero al mismo nivel. Mecánico, costurera, maestra y maistro, siempre tienen para mí el mismo valor. Lo digo porque todos fueron consecuentes, críticos y conscientes, con todo y sus contradicciones.
Pdd. Si pueden, ahí les encargo cuidar siempre a los muñecos, que son mis tíos también.
Pdd. Libertad a Luis Pacheco y Héctor Chaclán, presos políticos del pacto de corruptos.