Por: Lucia Ixchiu
Nuestros ancestros abrieron el camino blanco, para que podamos contar al mundo nuestras formas de verlo, entenderlo y existir en él.
Desde que tenía 16 años e iniciaba mi camino, por necesidad, el de abrir espacios culturales en mi pueblo, recuerdo que Chixot conocido como Comalapa, era ya en esa época un lugar obligatorio para visitar, para caminar y aprender de quienes considero, son pioneros en hacer arte desde la tierra y es por eso que, ahora que polinizo historias, al enterarme de la noticia de que varios artistas de este territorio están en la Bienal de Sydney en Australia hizo que mi corazón se pusiera contento.
Ángel Poyón (Comalapa), Angélica Serech (Comalapa), Edgar Calel (Comalapa), Sandra Monterroso (Ciudad de Guatemala) y Fernando Poyón (Comalapa) artistas que más que una trayectoria, tienen un caminar muy valioso y amplio, como dijo Angélica en entrevista para este texto “más que hablar de una trayectoria, concibo mi trabajo como un caminar”, lo que me hace más sentido y me recuerda el por qué, hacemos esta labor que sale de las entrañas, del corazón y del pensamiento.
Y para poder compartir con ustedes, decidimos hacer un especial que busca honrar el trabajo y a los artistas que participan en este evento, nos dimos la tarea de ubicar y contactar a quienes considero viejos amigos y referentes en el mundo del hacer desde el corazón, lo que otros entienden y conocen como arte.
Compartimos fragmentos de las entrevistas realizadas a cada uno de los artistas, también compartimos las piezas que están expuestas en las diferentes sedes de la Bienal de Sydney que se desarrolla en el mes de marzo en esa ciudad. Respetamos sus palabras las cuales colocamos textualmente, con profunda admiración a su talento y trabajo que se poliniza en el cosmos.
Angélica Serech

Foto: Nubia Nubia Cuxil Estada
“Soy mujer maya kaqchikel y antes de ser la artista que el público ve, he vivido y atravesado cada etapa de mi vida en mi hacer textil, ahora soy madre y esposa. En esa dimensión mi práctica no se separa de mi vida, nace en la cotidianidad, en los gestos simples y en los vínculos que me sostienen. Mi trabajo no es un lugar aparte, sino una extensión de lo que soy, siento y vivo. Allí habitan mi memoria, mis afectos y las huellas de aquello que me ha formado.
“Más que hablar de una trayectoria, concibo mi trabajo como un caminar. Un proceso iniciado en la infancia que durante muchos años se desarrolló en silencio, en una práctica íntima donde fui tejiendo la raíz que hoy define mi obra.
En años recientes ese trabajo ha comenzado a visibilizarse en distintos espacios importantes del arte, y el impulso y la dedicación permanecen fieles a ese origen.
Mi práctica textil no surge del corazón, surge de la necesidad de expresar aquello que muchas veces no encuentro en el lenguaje verbal. Y las palabras, cuando aparecen, pertenecen a un contexto y a una forma particular de entender el mundo.
El textil, en cambio, me ofrece un lenguaje más abierto. A través de él puedo transmitir ideas y emociones sin restringir su lectura. Cuando las obras se presentan, cada persona puede aproximarse a ellas desde su propio sentir, generando un diálogo silencioso que trasciende las diferencias de idioma y experiencia.
Esta experiencia ha sido enriquecedora y significativa en el sentido que somos dos mujeres de 5 guatemaltecos. Me honra compartir este espacio con grandes personalidades del arte contemporáneo y a la vez, acercarme a múltiples narrativas que se construyen desde distintos territorios, perspectivas y voces.
Actualmente mis proyectos se encuentran en proceso, y espero pronto poder compartirlos desde mi propio territorio”.
Nombre de las piezas:
1. Chuwa ruxaq q'aq' (ante las llamas del fuego).
2. Aún la sombra si es constante deja huella. -Ruben Dario-
3. Maní Kan num na na' chire, xa oj ulew (no te sientas superior también eres tierra).
Fotos: Angelica Serech y Nubia Cuxil.

Fernando Poyón

Kaqchikel de Chixot, tiene más de una década de trabajo en la creación desde la cotidianidad y su entorno de piezas atemporales de arte que explora diversos formatos y ramas, es un pionero, con piezas en los museos más importantes del mundo del arte.
Fragmentos de la entrevista con Fernando Poyón
“Esta Bienal ha sido una experiencia enriquecedora, porque de alguna manera, nuestras formas de organizar una pieza en Guatemala son totalmente distintas en la forma, digamos, de los envíos que se utilizan acá. Y hasta cierto punto también el pensar desde este lugar y como de alguna manera también hacer que la obra venga a mover acá o a conectarse. Entonces al principio, digamos, cuando fui invitado, tenía la curadora, la directora general o curadora que tenía en mente una obra, pero ya luego, en su momento, durante el proceso, eh, va como digamos mucho del del proyecto que estoy trabajando, decidí presentar un nuevo proyecto. Prácticamente lo que estoy haciendo en esta Bienal; mi obra inició ya con, digamos, de la pieza que en algún momento seguramente han visto, es una obra que está hecha con lápices amarillas, que te evoca, digamos, del tiempo de la tapisca, en su momento decidí como pensar en esos ciclos que nos permite vivir y trabajar el ciclo de del Maíz.
Ahora que retomo, digamos, el volver a empezar la semilla, está ese tiempo. Está ese ciclo de sol, y entonces está la metáfora también del cuidado, de la propia naturaleza, de la planta, del maíz, de nuestros saberes y que esta sea multiplicada en granos ya en la cosecha, para que futuras generaciones la sigan cultivando o transmitiendo de generación en generación.
Entonces, como una forma también como vivencial, es que pienso mucho en ese tiempo que después de ir a tapiscar, se eligen, digamos como la semilla, las mazorcas que se van desgranar o que nos van a alimentar y así se va eligiendo. Y en mi caso entonces lo que hago es que planteo mi proyecto y voy a un retorno, un retorno a la semilla, retorno a volver a sembrar, este conocimiento que nuestras abuelas y abuelos siguen heredando, el legado que conocemos en nuestra cultura, en nuestros pueblos y en diferentes partes del mundo, de los pueblos que conocemos.
Se tomó las semillas y entonces lo que hago es que presento cinco milpas con lápices verdes y ya emergidas, ya emergidas de la tierra. Y lo que digamos que intento, que es hacer ese agradecimiento a todo ese conocimiento que a partir de la siembra y esa siembra que en su momento posiblemente desde nuestra filosofía, desde nuestras formas de vida, no la encontramos en las escuelas. Y a partir de ahí construyó estas mismas hechas como raíces y que de alguna manera lo que intento es que se vaya siguiendo como transmitiendo ese conocimiento y que está milpa desde pequeña ya después se convierta en grano, se multiplique y que para las futuras generaciones exista ese siga existiendo.
Entonces eso es lo que hacemos y al final tenemos este privilegio y a la vez pienso que es un arte, una responsabilidad de hacer arte, porque de alguna manera tienden a tener una carrera y ya vas como entendiendo que lo que escarba.
En este caso estoy hablando mucho de con relación a la agricultura, al campo. La relación con mi obra es que de pronto de todo lo que movemos. ¿Con qué responsabilidad la movemos entonces? ¿Todo lo que escarbamos para levantar el surco o de qué manera lo hacemos? ¿Entonces, con qué responsabilidad no? Y luego el escarbar se vuelve a empezar. Y que lo que dejamos enterrar, como en su momento, está, ¿cómo todo este conocimiento en los que nos antecedieron, no? ¿Entonces qué vas a dejar empezar a nosotros y que va a emerger? Y entonces en eso es lo que intentamos todo. Ángel. O sea, ya lo demás que viento recibe, que eso, que lluvia. También está la circunstancia, está la energía para que todo esto pueda fluir o florecer”.
Pieza en la Bienal de Sydney

Fotos: Fernando Poyon
Ángel Poyón

Pensador y hacedor de arte Kaqchikel de Chixot, ha fusionado y explorado cerámica, instalación, pintura lo que lo convierte a mi parecer uno de los artistas más completos y también complejos de su época.
“La pieza surge a partir de cosas que me hicieron reflexionar y que me llevaron a pensar en realizar la obra. Una de esas es que cuando inicia la temporada de la siembra, siempre nuestras abuelas y nuestras madres nos dicen despierten sus azadones, vayan a sembrar. Entonces esa frase es súper potente porque uno dice el azadón entonces me está acompañando para ir a trabajar la tierra, entonces a partir de ahí uno se da cuenta que hay ciertos códigos que nos dicen que para nosotros los objetos es un ser más dentro de nuestra cosmovisión indígena.
Y cuando nos enseñan las partes del azadón siempre nos dicen que está en su piel, este es su brazo. Lo mismo con las escobas. Y así todos los objetos van como la piedra, la mano de la piedra. Entonces cada objeto siempre nos muestra como un ser más.
Entonces así va, esta es una y otra. En el libro de los consejos, el Popol Vuh hay frases que nos dicen que, si nosotros nos portamos mal con la naturaleza, los objetos se van a rebelar en contra de nosotros y entonces nos lleva a la rebelión de los objetos. Y entonces uno dice a la gran, prácticamente también conlleva una connotación política. Y entonces son esas situaciones las que me llevaron a hacerlo.
Esta pieza, por ejemplo, la cantidad que presento acá es de 40 escobas y 40 azadones que son como una referencia de que cuando nuestras madres, nuestros papás, nos llegan a dejar un pedazo de terreno, nos heredan un pedazo de terreno, siempre lo miden por cuerda y esa cuerda mide 40 brazos por 40, no son metros, entonces son brazos 40 por 40. Y entonces a partir de ahí que está esta pieza.
Esta casa con sus manos y sus pies tienen relación con la madera de cedro con una connotación de la sangre que llevamos esa sangre que lucha siempre, que resiste siempre. Pero esta vez por circunstancias del país no me dejaron trabajar con esta madera e ingresarla al país.
Entonces de ahí pasé a trazar tipo de madera, pero que al momento de trabajar pues es un poco como tóxico. Entonces paré la producción prácticamente, pero me di cuenta que había otra manera que, por Rabinal manejan para hacer las máscaras y eso es una madera blanca. Y ahí sí, como decía Francisco Nájera, “los huesos son los únicos testigos de todo lo que pasó”. Entonces me hace referencia a eso también de que la madera es blanca, es como el hueso, como el testigo de lo que a nuestros pueblos les ha pasado o ha sufrido. Entonces me parecen super potentes todas esas situaciones que se han ido sumando a la obra.
Fíjate que la curadora que nos invitó, llegó a visitarnos en Comalapa. Pero fue más una visita casual y todo y ya, no nos imaginábamos que tiempo después nos escribe y nos dicen que le gustaría que participemos en esta bienal porque ella era la curadora entonces y ya. Pues a partir de ahí ya fue la conversación y empezamos a trabajar la pieza. La pieza creo que la iniciamos tipo marzo. Fernando también inició tipo marzo, la tuvimos casi listo tenerla listo casi a mediados de noviembre.
Entonces fue un proceso largo de la pieza porque es algo que, a nosotros bueno, sobre todo a Fernando y a mí nos interesa. Es como rescatar esa solemnidad del trabajo. Nos decían en alguna ocasión uno de los cofrades que llegó a visitar mi estudio y decía: “A mí me parece súper interesante que ustedes estén rescatando la solemnidad del trabajo. Es algo que se ha perdido en este mundo donde todo, todo es de inmediatez, decía él”. Y entonces, así como se construye y reconstruye todo. Las cosas desde nuestra cosmovisión son cosas que no se construyen de la noche a la mañana, sino al contrario, se lleva tiempo y espacio y tiene como una cierta solemnidad para trabajar”.
Pieza presentada en la Bienal:
- Ruq'a' raqän qameseb’äl, Ruq'a' raqän qazadón
- Su mano, su pie de nuestra escoba/nuestras escobas, su mano, su pie de nuestro azadón/nuestros azadones
Fotos: Ángel Poyón y Fernando Poyón

Sandra Monterroso

Sandra Monterroso, una artista visual y diseñadora, maya Q’eqchi nacida en la Ciudad de Guatemala.
“Yo me autoidentifico como una artista maya de ascendencia Q´eqchi. Y bueno, sobre ese tema ha sido prácticamente todo mi trabajo, verdad sobre cómo llegué yo a auto identificarse como un artista maya, que es, es como, digamos, como la historia que casi siempre cuento, verdad, que es a partir de conocer mis raíces indígenas.
En el momento que yo las conozco, pues no las niego de verdad, sino que las abrazo con amor y empiezo a trabajar en eso, ¿verdad? Cómo reconocerme como reconocer, a través de mí de la historia de mi abuela y de mi propia madre, pues mi propio linaje y empezar a crear mi propia historia, ¿verdad?, eso te estoy hablando ya también de hace casi 30 años, ¿verdad?.
Entonces ha sido, pues ya un caminar largo, verdad que inicia. Así, ¿verdad? Creo que no soy la única artista ni la única mujer que tiene una historia similar, de un encuentro tardío, digamos, con sus con sus orígenes ancestrales.
Pero que, de alguna manera, bueno, a mí me ha servido como de como de motivación y detonador, verdad también para para para practicar el arte, que yo hago. Entonces ha sido contradictorio. Algunas veces ha sido desafiante. Otras veces ha sido muy retador. Sobre todo, con la historia de Guatemala. ¿cómo la conocemos?. Llena de discriminación, de racismo, de todas nuestras heridas que tenemos en la historia que nos atraviesan y todo entonces.
Bueno ya hablando de la pieza, te estoy hablando que fueron casi 2 años y medio de creación y con esto, la investigación, que era lo que también te contaba sobre este libro, El libro sacerdote maya que se publicó en el año 78, que es esta recopilación de recetas mayas, que publican el Ministerio de Educación en esa época, en ese con ese instituto indigenista que había verdad que por supuesto, ya no existe.
Pero que digamos que dentro de sus grandes contradicciones como el mismo Instituto como tal. Este quedó, ese ese libro, que es una joya. Debe de estar en algunas bibliotecas personales en la biblioteca. No estoy segura si está en San Carlos.
Pero es un libro que sé que está escrito a máquina. En los setentas Imagínate. Pero pues, pues para mí, una joya .Toda la información que tiene todo este conocimiento.
Sobre la medicina ancestral maya. Específicamente, entonces empiezo a trabajar con estas recetas en algunas obras, en algunas otras obras de alguna manera, a veces un poquito más abstracta, utilizando solamente los pigmentos que tienen propiedades curativas.
Y ya después, en este proyecto, si ya la intención era hacerlo más grande y utilizar más recetas, pero como en el momento en que me fue pasando a mí me pasa que también yo trabajo mucho con las historias que me van atravesando o van atravesando mi familia. Todo el entorno cercano.
Mi mamá ya se había enfermado y se cayó 2 veces. Yo empecé a usar un poco también esas recetas con ella y después yo me caí, me quebré la mano, obviamente me fui al hospital y me operaron. Me pusieron un clavo en la mano y esto, obviamente, yo estuve ingresada 2 meses, pero yo decía, no, ¿Yo me voy a curar? Bueno, obviamente va a curar con esto porque imagínate el susto de quebrarte las manos, que es mi instrumento de trabajo como artista, yo uso mucho las manos. Y entonces yo decía, ay, no, yo me voy a curar. Y empecé a bañarme todos los días con esa receta, con las hierbas con romero, con árnica y todo eso.
Y de eso me inspiró para crear la pieza que sean quienes son los protagonistas de este conocimiento quienes hablen”.
Piezas que presenta en la Bienal:
- El zigzag de la montaña
- B´ane´k (Ser sanado)
Fotos: Angel Poyón

Edgar Calel

Edgar Calell es un filósofo, pensador, poeta y hacedor de las artes visuales Kaqchikel de Chixot (Comalapa).
“Sí hago arte entonces ¿Qué es lo que quiero hacer con el arte? Cuál es la parte que, de verdad,es mi deseo y mi placer. ¿Sabes qué es lo que quiero compartir a través de eso? Porque dentro de mí hay como una infinidad, en el arte hay una infinidad de temas y de búsquedas, ¿verdad? Pero hay de todo. Y a veces. Uno piensa cuál sería mi voz entre todas las voces sonando o hablando en un cuarto lleno de gente, hablando. Y cuál va a ser el tono de mi voz. Lo que quiero compartir y entonces eso creo que es, sabes como a una palabra o a un tema, sino que me gustaría que la obra solo se manifestará por sí solo.
Porque yo me quedo pensando si yo hago una obra basada bajo un tema muy específico, con grandes discursos o discursos muy centrados en lo que afecta a la vida, si mis abuelos estuvieran ni ellos van a poder leer la obra. Pero entonces pensé que sería muy bonito tener algo relacionado a la vida, pero desde una cierta abstracción. O sea, es porque al final también siento que leemos la vida, leemos códigos, leemos idiomas, leemos mensajes. Pero la vida está como complementada por ciertas abstracciones que desconocemos y que no sabemos cómo funciona. Y entonces eso me gusta.
Por ejemplo, las imágenes que están en la obra que estoy mostrando. Hay alguno. Son como dibujos. Hay dibujos que yo he hecho al llegar en cada aeropuerto o cuando estoy llegando, digo bueno, voy a hacer un dibujo a ver como el dibujo me sirve casi como un guía de lo que va a pasar, pero también es casi, casi estar frente a un portal. Entonces los dibujos son como portales y hay dibujos y cada dibujo está hecho en diferentes países y entonces puede ser un portal para un sueño, puede ser un portal para un deseo. Y detrás de cada sueño hay una intención.
Uno comparte lo que vive en Guate (Guatemala) y lo que lo que ha visto, lo que ha escuchado y lo que. ¿Y las cosas personales, familiares, verdad? Porque son como que ese es el mundo en el que vivimos. Contamos nuestras historias, las transformamos. Y entonces, para mí, esta pieza. ¿Como que me manejé usando ideas que no necesitas mucho esfuerzo para interpretarlo, Sabes, ¿Lo ves? Y como que te da un abrazo. Esa es la idea. Y te suelta. Y que sigas para ver la próxima obra, ¿verdad? No, no está hecho para que te quedes ahí, sino es para que como que te dé un recibimiento y después te deje libre porque sí.
Entonces los materiales que usé son manta, manta cruda. Lo que. Lo que más me conmueve es que la obra tiene una translucidez. Puedes ver el otro lado de la obra. O sea, es una sola plancha. Te voy a mandar un ahorita para que le eches un vistazo porque es. La obra está iluminada por detrás y desde atrás viene, se revela el dibujo. Sí, me gusta que no tengas que saber ningún idioma para verlo y leer.
Porque lo que construimos son imágenes que te. Que te llamen y que te llamen. Y que a través de su materialidad te cuenten algo. O que te despierten algo. ¿Sabes? Coges una. Esta es una de la. Es como una. Una de las primeras obras que tienen como carácter. Toda esa característica de ser y que la obra es porque está hecha con cera. Cada vez se va cayendo un poquito, sabes por qué se hace. Y entonces me gusta que la obra, en vez de que te quite, te da suelta su materialidad mientras estás frente.
Y la luz se va pasando de atrás para adelante. Es como que algo te quisiera contar que viene del otro lado, pero todavía no se, todavía no lo puedes ver por su opacidad.
Sí, porque yo siento que el arte primero hay que creerlo. Hay que creer y creer en uno. Creer en el arte como uno. Te vuelves cómplice del arte.
El arte tiene su arte. ¿El arte por el arte tiene su autonomía, sabes? No, no se puede. No, no, no. Nadie lo puede. Cómo poseer. Porqué. Porqué. Por eso es inmaterial. También es un pensamiento. Es un sentimiento. Es. Es forma. Es materia.
Es un proceso. Es transformación. No, no es. Tiene que tener un vínculo muy próximo a. ¿Como a Dios, Sabes? A Dios
En la Bienal de Sydney. Cada dibujo me lleva a un punto muy distinto de mis recuerdos. Por eso me gustó un montón hacer este nuevo proyecto. Porque un poco el tema es rememorar. Sabes, como que recuerdo como intentar aproximarnos a lo que está a punto de irse de nuestra memoria. ¿Y entonces el arte para mí sirve como un como un gancho para qué? Para que todo lo que he vivido y lo que he escuchado no se vaya y me olvide de eso.
En mi familia hacen candelas y veladoras. Hay de todos los colores y todas las candelas se van para muchos lugares, se van para las iglesias, para los altares, para ceremonias. O sea, al final yo siento que el hacer las candelas es como posibilitar, como la conexión entre el mundo espiritual y el mundo. ¿Entonces por eso como que en la obra hay un fuego casi ausente. Hay un fuego. Hay un fuego ausente, pero si lo querés volver a activar se puede activar. ¿Poco como las erupciones del volcán, sabes? Adentro está pasando, pero no estamos viendo. Pero hay un momento donde.
Entonces esos elementos me gustan que estén presentes dentro de dentro del concepto de la obra y entonces al hacer esta obra como un espacio para recordar y entre recordar y activar y volver a crear dentro de esos.
Nombre de la pieza:
- Pa Sutz Xkix tzolojpe (De la neblina retornarán)
Fotos: Edgar Calel

El arte en Guatemala siempre ha tenido presencia en todo su territorio, desde hace miles de años, y 5 de esos artistas, de los más importantes del país, están en la Bienal de Sydney en “la Bienal más importante del mundo no occidental”, en palabras de Sandra Monterroso.