Carlos Ernesto Cano

El HondurasGate y el retorno del "patio trasero". Sionismo, fe y fuego en Centroamérica

10 de mayo de 2026

 

Las recientes filtraciones conocidas como HondurasGate, que revelan una presunta trama de desestabilización orquestada desde Estados Unidos, Israel y Argentina, no constituyen una anomalía en la historia de Centroamérica, sino más bien la actualización de un modus operandi conocido. 

 

Las 37 grabaciones que involucran al narcotraficante sentenciado e indultado Juan Orlando Hernández, JOH, y a figuras como Donald Trump y Javier Milei nos obligan a mirar hacia atrás, al siglo pasado, para entender cómo el sionismo internacional, las oligarquías locales y un nuevo fundamentalismo religioso han convertido a la región en un laboratorio de terror e impunidad.

 

Mientras en 2026 se escucha a Hernández hablar de "extirpar el cáncer de la izquierda" con fondos provenientes de "una junta de rabinos" que apoyan a Netanyahu, en la década de 1980 el discurso era idéntico, solo que el "cáncer" era el comunismo y el "cirujano" era el general  golpista guatemalteco, Efraín Ríos Montt.

 

La alianza histórica: inteligencia y el genocidio guatemalteco

 

El hilo conductor que une el HondurasGate con el genocidio en Guatemala es la cooperación en inteligencia y capacitación militar. Los audios filtrados indican que, a cambio del indulto de JOH, Israel ofreció respaldo diplomático y tecnológico, mientras Estados Unidos aseguraba nuevas bases militares en Honduras.

 

Esta relación no es nueva. Durante la Guerra Fría, Israel fue uno de los principales proveedores de asesoramiento y armamento a las dictaduras centroamericanas, en un capítulo poco recordado de su política exterior. Asesores israelíes entrenaron a los comandantes militares guatemaltecos en técnicas de contrainsurgencia que luego serían aplicadas sistemáticamente contra la población maya. La conexión no era solo geopolítica (anticomunismo), sino también económica: las oligarquías necesitaban un aparato represivo eficiente para proteger sus latifundios.

 

El general Ríos Montt, un militar evangélico pentecostal llegado al poder mediante un golpe de Estado (1982-1983), personificó esta alianza. Bajo su mandato, y con la bendición de la administración Reagan, el ejército guatemalteco implementó una estrategia de "tierra arrasada". 

 

La inteligencia estadounidense proporcionó helicópteros y equipos de comunicación, mientras el ejército local clasificaba a los indígenas como "subversivos". El saldo fue de aproximadamente 250,000 muertos, 45,000 desaparecidos y un millón y medio de personas desplazadas, un genocidio reconocido por la ONU.



El factor neopentecostal, la biblia contra el Pop Wuj

 

Uno de los elementos más perturbadores de la crisis actual, reflejado también en las filtraciones, es el uso de iglesias neopentecostales como vectores de control social. Los audios del HondurasGate mencionan explícitamente un plan para utilizar estas iglesias con el fin de promover una "amnesia colectiva" sobre los crímenes de JOH.

 

En Guatemala, este fenómeno alcanzó su punto más álgido con Ríos Montt. El dictador no sólo gobernaba, sino que predicaba. Utilizaba los conceptos de la "teología de la guerra espiritual" para justificar la aniquilación de los pueblos mayas, a quienes acusaba de ser "idólatras" o poseídos por demonios, es decir, bajo esa lógica, el fusil se convertía en un instrumento de salvación divina.

 

Este matrimonio entre fundamentalismo bíblico y poder de fuego se ha intensificado en el siglo XXI. Mientras en la década de 1980 se fusilaba al campesino indígena acusado de herejía y comunismo, en la actualidad, pastores como Harold Caballeros (fundador de la iglesia El Shaddai) intentan tomar el poder político argumentando que deben construir el "Reino de Dios" en la Tierra, alineándose con las derechas duras globales, con el facismo y el narcotráfico.

 

La "limpieza espiritual" de ayer es la "guerra cultural" de hoy, pero el objetivo sigue siendo el mismo: la sumisión de las mayorías, mediante la dominación de la fe y los cuerpos.

 

De la guerra a la posverdad, la red continua

 

El HondurasGate de 2026 añade una capa nueva a esta vieja fórmula: la desinformación industrializada. Ya no se trata solo de matar cuerpos, sino de matar la verdad. La "célula informativa" que JOH planea montar en Estados Unidos para atacar a México y Colombia es el equivalente moderno de las Patrullas de Autodfensa Civil, PAC y de la inteligencia guatemalteca, que señalaban a los "rojos" para ser ejecutados.

 

Hoy, las víctimas potenciales son líderes progresistas como Claudia Sheinbaum o Gustavo Petro, y la estrategia incluye campañas de fake news financiadas con dinero proveniente de la logística argentina y la tecnología de espionaje israelí. El "cáncer" que hay que extirpar sigue siendo la soberanía popular y cualquier intento de autonomía latinoamericana.

 

Conclusión

 

El HondurasGate es más que un escándalo de corrupción; es la radiografía de una herida abierta. Mientras la comunidad internacional observa, las estructuras de poder que gestaron el genocidio guatemalteco —la oligarquía aliada a potencias extranjeras (EEUU e Israel) y ungida por un manto de "santidad" cristiana— siguen intactas. 

 

Hoy se disfrazan de think tanks, células de inteligencia digital y mega pastores y sus iglesias de la prosperidad, pero el eco de los helicópteros artillados de Ríos Montt resuena en cada conversación de los políticos hondureños condenados por narcotráfico. La lección para la región es clara: sin memoria histórica, el "patio trasero" seguirá siendo un campo de batalla.

 

Netanyahu, Trump, Milei y JOH.