Carlos Ernesto Cano

La batalla de Atilio Montalvo en El Salvador

11 de agosto de 2026

 

Entre la memoria de la paz y un cuerpo que resiste

 

La noche del 30 de mayo de 2024, el silencio en la casa de José Atilio Montalvo Cordero fue interrumpido por la llegada de un vehículo sin distintivos policiales. De él descendieron agentes de la División del Crimen Organizado. La instrucción parecía simple y sin alarmas: requerían únicamente hacerle unas preguntas. Atilio, convaleciente de una cirugía reciente y portando en el abdomen el catéter peritoneal con el que apenas tres días después iniciaría sus sesiones de diálisis, salió a atenderlos de buena fe. No volvió a cruzar el umbral de su hogar en catorce meses.

 

Aquella incursión nocturna culminó en un allanamiento donde las autoridades incautaron computadoras y equipos tecnológicos. Pese a las acusaciones vertidas por la Fiscalía sobre presuntos actos de terrorismo y agrupaciones ilícitas en el contexto del régimen de excepción del gobierno de Nayib Bukele, los agentes jamás encontraron un arma, un explosivo ni artefacto alguno en la vivienda.

 

Para comprender la dimensión de su figura hay que remontarse varias décadas atrás. Nacido en Mejicanos, barrio de la capital salvadoreña en febrero de 1952, Montalvo fue moldeando su vida en el núcleo de los acontecimientos más determinantes de la historia contemporánea de El Salvador. Sobreviviente de la trágica masacre estudiantil del 30 de julio de 1975 y fundador de la Asociación General de Estudiantes Universitarios de El Salvador, su militancia lo llevó a integrar las Fuerzas Populares de Liberación y la Comandancia General del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, FMLN.

 

En 1992, estampó su firma en los Acuerdos de Paz en el Castillo de Chapultepec en la ciudad de México, poniendo fin a doce años de conflicto armado. Más tarde participó en la concepción de la Policía Nacional Civil y consolidó una profunda formación académica como economista y especialista en administración pública y planificación estratégica. Sin embargo, para mediados de 2023, golpeado por graves padecimientos médicos, decidió apartarse por completo de toda actividad política activa.

 

El deterioro de su salud antes de la captura ya era alarmante. En noviembre de 2023 había sufrido un accidente cerebrovascular isquémico que le restó temporalmente el habla y afectó su movilidad. A finales de abril de 2024 enfrentó un infarto de miocardio, y pocas semanas después los médicos confirmaron una insuficiencia renal en estadio cinco. A este cuadro se sumaban la arterosclerosis generalizada y una diabetes mellitus insulino-dependiente.

 

La reclusión agravó drásticamente su condición. Durante los catorce meses en prisión sufrió pérdidas recurrentes del conocimiento y un cuadro hemorrágico gástrico agudo. Tras ser trasladado al hospital al borde de la muerte, la presión médica e institucional derivó en que en julio de 2025 un juez le concediera medidas sustitutivas a la detención provisional.

 

El impacto del proceso judicial traspasó los muros de la prisión. Las denuncias sobre la arbitrariedad del caso obligaron a su hijo Atilio Montalvo a tomar el camino del exilio a mitad de 2024. Al mismo tiempo, investigaciones periodísticas e informes de organizaciones de derechos humanos expusieron serias inconsistencias en el testimonio del testigo principal de la causa criminal, desacreditando la solidez de la acusación fiscal. De los once procesados en este expediente, Atilio es el único que ha logrado continuar el juicio fuera de un centro penal, sostenido únicamente por el argumento irrefutable de un estado de salud en fase crítica.

 

Entre el 11 y el 14 de agosto de 2026, el Tribunal Primero contra el Crimen Organizado de San Salvador resolverá su situación jurídica definitiva. La decisión oscila entre la absolución formal o la orden de reingreso a prisión. A sus 74 años, mientras los informes médicos constatan el avance de una insuficiencia cardíaca severa combinada con el fallo renal, la familia y organismos internacionales aguardan una resolución fundada en la legalidad e imparcialidad, conscientes de que lo que se juzga en estrados no es solo un expediente legal, sino los últimos días de un hombre que ayudó a pactar la paz de una nación, que hoy vive en una dictadura y en un constante estado de excepción.