Carlos Ernesto Cano

¿País Vasco, Guatemala y Argentina un triángulo de Israel?

31 de mayo de 2026

 

La doble cara de la represión: desde la Ertzaintza hasta el complejo militar Israeli en Guatemala

 

El pasado fin de semana, la imagen del País Vasco quedó manchada por un episodio de violencia policial injustificable en el aeropuerto de Bilbao. Las cargas de la Ertzaintza contra los activistas de la Flotilla Sumud, que partían para romper el ilegal bloqueo sobre Gaza, han dado la vuelta al mundo. Las imágenes de agentes golpeando a quienes defienden los derechos humanos en Palestina no solo muestran una brutalidad desmedida, sino que revelan una peligrosa alineación del Gobierno Vasco con los intereses de la entidad sionista.

 

Sin embargo, sería miope analizar este incidente como un hecho aislado de "orden público". La conexión entre las fuerzas represivas entrenadas o influidas por Israel y la defensa de los intereses sionistas en el mundo es un hilo conductor que une a Bilbao con las sangrientas dictaduras de América Latina. Lo sucedido en Loiu (el aeropuerto de Bilbao) es el eslabón europeo de una cadena de impunidad que se extiende por todo el planeta.

 

La "Provocación" como excusa

 

Mientras los sindicatos policiales y el consejero Bingen Zupiria hablan de "provocaciones" y señalan el pasado de algunos activistas para justificar la golpiza, lo cierto es que la respuesta fue absolutamente desproporcionada. La presencia de personas con “antecedentes” no legitima el uso de la fuerza policial en un espacio público como un aeropuerto internacional, especialmente contra quienes ya han sido víctimas de la maquinaria de guerra israelí en alta mar.

 

Al criminalizar a los activistas y justificar la represión por los "nervios" o el "estrés" de los agentes, se aplica la misma doctrina de impunidad que Israel utiliza en los territorios ocupados: se agrede al defensor de derechos humanos para silenciar la denuncia del genocidio.

 

La sombra intensa del Mossad y el genocidio guatemalteco

 

Pero la implicación vasca no es inocente. Para entender la magnitud de la influencia de la inteligencia israelí, debemos viajar en el tiempo a Centroamérica, específicamente a Guatemala. Allí, entre finales de los 70 y principios de los 80, Israel jugó un rol protagónico en uno de los genocidios más atroces de la Guerra Fría.

 

Cuando Estados Unidos, presionado por la evidente masacre de indígenas mayas, prohibió la venta de armas a Guatemala bajo el mandato de Jimmy Carter, Israel se convirtió en el proxy perfecto. La relación entre la inteligencia israelí y el Ejército de Guatemala operó en cuatro niveles clave, que bien podrían estar replicándose en la estrategia de desgaste a los activistas pro-palestinos en España:

 

1. La Doctrina de contrainsurgencia: Asesores israelíes enseñaron a los generales guatemaltecos, como el genocida Efraín Ríos Montt, las tácticas de guerra irregular aprendidas contra la población palestina. El ejército guatemalteco aplicó el concepto de "aldeas modelo" (inspirado en los asentamientos sionistas) para controlar a la población maya.

2. El hardware de la muerte: Israel suministró fusiles Galil, subfusiles Uzi y aviones Arava. El armamento utilizado para masacrar a más de 250.000 guatemaltecos (en su mayoría indígenas) fue el mismo que se utiliza hoy contra los niños de Gaza.

3. inteligencia y tecnología: La G-2 (inteligencia militar guatemalteca) fue modernizada y entrenada por el Mossad. Se utilizaron sistemas informáticos israelíes para detectar a los opositores, sindicalistas y comunistas en la ciudad de Guatemala, una metodología similar a la caza digital que hoy se aplica contra los activistas pro-palestinos en redes sociales, como denuncian los movimientos sociales vascos.

4. Argentina y el Plan Cóndor: No podemos olvidar el tercer vértice del triángulo (concepto militar utilizado con frecuencia para delimitar un territorio). Durante la dictadura argentina (1976-1983), la inteligencia israelí mantuvo vínculos comerciales y de entrenamiento con los represores del Proceso de Reorganización Nacional. La conexión entre la entidad sionista y Argentina-Guatemala-País Vasco fluía en ambos sentidos, consolidando una red transnacional de represión para exterminar a la disidencia política y a los pueblos originarios.

 

Conclusión

 

Por lo tanto, la golpiza en el aeropuerto de Bilbao no fue un "error" técnico ni un "exceso" aislado. Es la expresión local de una alianza estructural. Cuando la Ertzaintza actúa con violencia para impedir que la solidaridad llegue a Gaza, está aplicando, quizás sin saberlo, la doctrina de un complejo militar-industrial que ya ha sido cómplice del genocidio en Guatemala y de las dictaduras del Cono Sur en Latinoamérica.

 

El Gobierno Vasco debe investigar y sancionar a los responsables de esta brutalidad policial, pero también debe romper explícitamente cualquier vínculo ideológico o técnico que permita que el "modelo israelí" de represión se aplique en las calles de Euskadi. Mientras se golpea a los activistas en Bilbao, se sigue bombardeando Gaza y se sigue honrando la memoria de los genocidas guatemaltecos. La cadena de impunidad debe romperse ya.