Carlos Ernesto Cano

Vergüenza y resistencia o cuando el fútbol se convierte en poder

12 de julio de 2026

 

En el ardiente verano de 2026 cortesía de la destrucción climática, cuando el fragor del Mundial de Fútbol prendió en los estadios de México, Estados Unidos y Canadá, no somos testigos solo de la pasión deportiva, sino de una ejecución pública del alma del fútbol. La FIFA, ese monstruo de 211 asociaciones miembro –más grande que la propia ONU–, se precipita con una velocidad asquerosa hacia el abismo de ser un lacayo de la ultraderecha global. Su servilismo provoca vergüenza.

 

En primer lugar, enfoquemos el reflector sobre la alianza más turbia: el juego de poder descarado entre el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, y el presidente de EE.UU., Donald Trump. Que Infantino haya creado un inventado "Premio de la Paz" para entregárselo a Trump no es solo adulación, sino una violación grotesca de la neutralidad deportiva.

 

Peor aún: bajo presión directa de la Casa Blanca, Infantino se permitió intervenir en la disciplina arbitral para anular tarjetas rojas a jugadores estadounidenses. Cuando las reglas del fútbol pueden reescribirse al capricho de un mandatario, el juego limpio se convierte en papel mojado. El diario alemán Bild lo acertó: Infantino está vendiendo el fútbol sin pudor, convirtiéndolo en un show apestoso a dinero y poder. La dirección de la FIFA se ha secuestrado a sí misma al servicio de esta lógica, mientras los llamados de investigación del Parlamento Europeo rebotan en sus oídos de sordos.

 

Sin embargo, en medio de esta tormenta política, aún brota una luz de humanidad. El entrenador de Egipto, Hossam Hassan, tras clasificar históricamente a su equipo a los octavos de final, levantó con firmeza la bandera de Palestina. Ante las ruinas de la guerra en Gaza, no eligió el silencio: dedicó la victoria a "sus hermanos palestinos que sufren el bombardeo", a todo el mundo árabe. Esa solidaridad abierta y pública, en el tablero lleno de cálculos políticos de la FIFA, traza una línea ética nítida y valiente. Mientras la FIFA se arrastra ante el poder, Hassan, con una bandera, defiende lo más esencial del fútbol: que pertenece al pueblo, a la justicia, a quienes bajo las bombas aún alzan la mirada al cielo.

 

Y cabe preguntarse: ¿qué culpa tiene el fútbol? Como escribió Eduardo Galeano en El fútbol a sol y sombra:

"El fútbol es como un rito, un juego lleno de magia. Pero también es un espejo que refleja todas nuestras virtudes y todos nuestros pecados, todas nuestras miserias y todas nuestras pasiones”.

 

Ese espejo, en 2026, refleja la cobardía de la FIFA, la prepotencia política de una superpotencia y las reglas pisoteadas por el capricho del poder. Cuando el "Premio de la Paz" es un adorno servil, cuando las normas son barro en manos del fuerte, y cuando las entradas son un expolio al aficionado, el fútbol deja de ser el opio del pueblo para convertirse en balón de los poderosos.